Con la llegada de 2026, el mítico diario de Estados Unidos, The New York Times, lanzó sus predicciones para el nuevo año. En el texto, repasó desde nuevas tendencias de relación y tecnologías emergentes hasta presagios sobre como evolucionarán las relaciones políticas en territorio norteamericano con el segundo mandato de Trump entrando en su segundo año, en medio del surgimiento de nuevas figuras, como el recientemente electo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani.
A medida que crece el consenso sobre el efecto embrutecedor de los smartphones, también se expande un mercado de dispositivos deliberadamente limitados. La promesa es clara: menos notificaciones, menos distracciones. Pero detrás del entusiasmo aparece una paradoja conocida del consumo contemporáneo: primero nos vendieron teléfonos inteligentes y ahora nos ofrecen productos para escapar de ellos.
La pregunta de fondo no es tecnológica sino social. Estos llamados “teléfonos tontos” pueden terminar funcionando como un nuevo marcador de clase. No todos tienen la misma libertad para desconectarse. Un conductor de Uber o Lyft difícilmente pueda borrar aplicaciones sin afectar su ingreso, algo que sí puede permitirse un estudiante universitario con aspiraciones luditas. De cara a 2026, el debate se vuelve incómodo: ¿quién puede darse el lujo de ser menos localizable?
El marketing cinematográfico dejó atrás los afiches y las giras tradicionales. Tras experiencias inmersivas como las alfombras rojas temáticas de Barbie o Wicked, la promoción entró en una nueva fase. Los personajes ya no solo protagonizan películas: se transforman en influencers con vida propia, mercancía, publicaciones virales y tiendas efímeras.
La IA, entrenada con arte humano, desarrolla un estilo propio: prolijo, pulido, excesivamente retocado. A eso se lo empezó a llamar slop, o bazofia digital. En 2026, con el cansancio acumulado frente a esa avalancha de contenido, se espera un giro hacia expresiones más imperfectas y auténticas. El wabi-sabi japonés – la belleza de lo incompleto y lo no pulido – vuelve a ganar terreno frente a la estética algorítmica.
El segundo mandato de Donald Trump reinstaló un clima de intriga permanente en Washington. Lejos del bajo perfil que caracterizó a la era Biden, la Casa Blanca volvió a ofrecer una sucesión de rumores, romances cruzados y conflictos personales con impacto político.
Algunos episodios escalaron a la categoría de noticia. La relación del director del FBI, Kash Patel, con la cantante country Alexis Wilkins abrió cuestionamientos por el uso de fondos públicos, mientras que Robert F. Kennedy Jr., secretario de Salud, sigue marcado por su vínculo virtual con la periodista Olivia Nuzzi en 2024. El cierre del año, con compromisos de figuras como Donald Trump Jr., Marjorie Taylor Greene y Laura Loomer, refuerza una tendencia: con un presidente afín al drama y a rodearse de gente “guapa”, el culebrón promete nuevos capítulos.
“Muéstrame cómo me abrazarías si no supiéramos que hay un mañana”, cantaba Miley Cyrus en End of the World, uno de los éxitos de 2025. La frase parece haber capturado el espíritu de época.
Con un contexto global atravesado por malas noticias, el desapego emocional empieza a perder atractivo luego de años de hegemonía. En 2026, actuar con indiferencia quedará pasado de moda. Ganarán espacio las declaraciones intensas, las citas con intención y una creciente desconfianza hacia los vínculos mediados por IA. Frente a la fragilidad del futuro, la consigna será clara: animarse a lo que antes daba miedo.