Saber jugar bien es lucirse cuando se tiene la pelota, pero también saber sufrir cuando el trámite se complica. Atlético Tucumán aprobó ambas materias en su despedida de la Serie Río de la Plata. Con un doblete de Ramiro Ruiz Rodríguez, el “Decano” venció 2-1 a Progreso de Uruguay y cerró su pretemporada en tierras charrúas con puntaje ideal.
El conjunto dirigido por Hugo Colace ofreció un espectáculo de dos actos: un arranque arrollador de fútbol vertical y un complemento de resistencia estoica bajo la lluvia y con un jugador menos.
Veinte minutos de furia
El inicio del partido mostró, quizás, la mejor cara de Atlético en mucho tiempo. El equipo salió a presionar alto, recuperando rápido y atacando directo. Si el DT busca intensidad, esos primeros 20 minutos son el manual a seguir.
En ese lapso, el “Decano” liquidó la historia.
El 1-0 (4′): Una joya colectiva. Leandro Díaz pivoteó de primera, Tesuri rompió líneas y Ruiz Rodríguez, atacando el espacio, definió con zurda ante la salida del arquero.
El 2-0: Con Nicolás Laméndola vestido de asistidor, “RRR” volvió a explotar su velocidad. Ganó la posición y, con poco ángulo, sacó un remate cruzado inatajable.
Fue un monólogo. Donde había una camiseta de Progreso, había tres de Atlético. El equipo tenía hambre y voracidad.
El quiebre: error y expulsión
Cuando el partido parecía encaminarse a una goleada tranquila, el escenario cambió drásticamente. Progreso comenzó a manejar la pelota y Atlético perdió la brújula. Un error en la salida del arquero Luis Ingolotti permitió el descuento del “Gaucho” antes del descanso, sembrando dudas en un equipo que había bajado la intensidad mental.
El complemento trajo dos malas noticias: la lesión muscular del capitán Leonel Di Plácido y, poco después, la expulsión de Laméndola por doble amarilla.
Resistir para ganar
Con diez hombres y bajo una intensa lluvia, Colace rearmó el dibujo: pasó del 4-3-3 al 4-4-1 para cuidar la ventaja. Fue el momento del debutante Gastón Suso, quien junto al arquero debió responder ante las embestidas uruguayas.
El segundo tiempo fue todo de Progreso, pero Atlético supo sufrir. Ya no se trataba de “jugar lindo”, sino de cerrar el partido. El equipo se refugió, cerró filas y demostró carácter para sostener el resultado.
Atlético vuelve a Tucumán con sensaciones positivas: tiene 20 minutos de fútbol de alto vuelo para ilusionarse y 70 minutos de sacrificio que demuestran que el grupo sabe arremangarse cuando la mano viene cambiada.