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Salud
02/02/2026 | Hace 3 horas

Elegir mejor tus metas puede reducir el estrés y mejorar tu bienestar emocional

Elegir mejor tus metas puede reducir el estrés y mejorar tu bienestar emocional
Especialistas en psicología explican cómo detectar cuándo un objetivo deja de ser saludable y por qué cambiar de rumbo no es fracasar, sino una forma de crecer y cuidar la salud mental.

Con el correr de las semanas, muchas metas que parecían claras al comienzo del año empiezan a chocar con la realidad cotidiana. Rutinas difíciles de sostener, hábitos que se abandonan y objetivos que se vuelven una carga más que una motivación. Para muchas personas, ese desajuste no es solo organizativo: también tiene un fuerte impacto emocional.

No existe una meta correcta para todos

“Lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra”, explica Hugh Riddell, profesor de Psicología en la Universidad Curtin (Australia), quien analizó junto a su equipo más de 235 estudios internacionales sobre cómo las personas ajustan —o abandonan— sus objetivos frente a los obstáculos.

Según el especialista, el cumplimiento de metas no depende únicamente de la fuerza de voluntad. Influyen factores como la personalidad, la edad, el manejo del estrés, la red de apoyo, la historia personal y el momento vital.

“Aferrarse a objetivos imposibles tiene un costo real”, señala Riddell. “Las investigaciones muestran mayor estrés, menor bienestar e incluso consecuencias físicas. En cambio, dejar ir una meta y comprometerse con otra puede devolver el sentido y la motivación”.

La evidencia es clara: soltar no siempre es fracasar; muchas veces es adaptarse.

Cuando una meta reduce la vida en lugar de expandirla

“Un objetivo saludable debería ampliar tu vida, no achicarla”, sostiene la psicóloga educativa y del desarrollo Anushka Phal. Desde su mirada clínica, hay una señal de alarma concreta: cuando la búsqueda constante de un resultado desconecta del descanso, los vínculos, la creatividad o el disfrute, algo necesita revisarse.

Phal explica que muchas personas continúan persiguiendo metas que ya no representan quiénes son hoy, sino versiones pasadas de sí mismas. En esos casos, la rigidez suele generar culpa, autoexigencia extrema y una sensación persistente de fracaso.

Modificar una meta —o redefinirla— no implica renunciar al deseo, sino ajustarlo a la etapa de vida actual.

Señales de que un objetivo puede estar afectando tu salud mental

No existe una fórmula única, pero los especialistas coinciden en algunos indicadores frecuentes:

Agotamiento físico o emocional constante

Culpa persistente por “no cumplir”

Resentimiento hacia una meta que antes motivaba

Aislamiento social o pérdida de disfrute

Estrés sostenido que no disminuye con el tiempo

La coach de vida Megan Luscombe, que trabaja con mujeres y personas LGBTQIA+, observa estos patrones con frecuencia: “Los objetivos poco realistas suelen manifestarse como burnout, enojo y la sensación de estar atrapado en algo que uno mismo eligió”.

Para Luscombe, la clave está en preguntarse qué función cumple hoy ese objetivo y si sigue alineado con los valores personales.

Metas heredadas: cuando el deseo no es propio

Otro aspecto central es el peso cultural y social. Según Phal, muchas metas no nacen del deseo individual, sino de expectativas externas. “En contextos migrantes o colectivistas, los objetivos suelen estar marcados por mandatos familiares o sociales”, explica.

“Cuando un sueño empieza a sentirse como una deuda emocional en lugar de una fuente de sentido, conviene preguntarse si ese objetivo es realmente propio”, agrega.

Reconocerlo no implica rebeldía ni desagradecimiento, sino autenticidad psicológica.

Cambiar de rumbo también es avanzar

Riddell recomienda elegir metas alineadas con la realidad personal y no con ideales promovidos en redes sociales. “Deben ser desafiantes y estimulantes, pero también realistas. La investigación muestra que la constancia en pequeños pasos es más efectiva que los grandes saltos”, afirma.

Una estrategia útil es pensar en versiones alternativas del mismo deseo:

Tal vez no ser atleta profesional, pero sí entrenar en un club barrial.

Tal vez no alcanzar un ideal perfecto, pero sí mejorar la calidad de vida diaria.

Para Phal, esto no es resignación, sino madurez emocional: “Abandonar una meta no es falta de disciplina. Muchas veces es sabiduría del sistema nervioso. Aferrarse a sueños creados por una versión anterior de uno mismo puede impedir crecer”.

La pregunta que cambia el enfoque

Más que preguntarse “¿por qué no puedo cumplir mis metas?”, los especialistas proponen una pregunta más amable y efectiva:

¿Esta meta me está ayudando a vivir mejor hoy?

Si la respuesta es no, revisar el camino no es retroceder. Es una forma concreta de cuidar la salud mental y recuperar el disfrute de la vida cotidiana.

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