Con apenas 48 horas de diferencia desde la victoria del domingo pasado ante Estudiantes de Río Cuarto, Ayude tuvo apenas un entrenamiento regenerativo para preparar este partido ante Instituto. Por eso, no le quedó otra que aplicar variantes en la formación inicial porque había jugadores que no estaban cien por ciento frescos, como fue el caso de Luciano Vietto y de Ezequiel Herrera. Además, hubo cambios tácticos, claro, porque el equipo, a pesar de la victoria, no lo convenció para nada en el juego.
El descanso entre un equipo y otro se notó en la intensidad de cada uno. Pareció andar a una marcha menos el conjunto azul y rojo. El cuadro cordobés venía de jugar el viernes. Tuvo dos días más que el Ciclón para reponerse y planificar este encuentro. La postergación por el paro nacional del jueves le costó caro a los de Boedo.
De todos modos, más allá del poquísimo tiempo para la recuperación, en San Lorenzo hay niveles individuales bajos. Futbolistas como Facundo Gulli y Fabricio López entraron en el once por estar más descansados y así y todo no redondearon una buena tarde-noche. La Gloria del Traductor aprovechó su ventaja utilizando los espacios que su rival le dejaba por las bandas.
Con los carrileros lanzados en ataque, el visitante lastimó al local. Un tiro en el palo de Gregorio Rodríguez fue apenas un oasis azulgrana en un primer tiempo flojo del dueño de casa. Y los de Alta Córdoba, en un contraataque que se inició por la derecha y se terminó por la izquierda, tras centro de Juan Ignacio Méndez, con el ingreso libre de Diego Sosa (López se había quedado forcejeando en la mitad de la cancha con Alex Luna), que definió bárbaro ante el gigante Orlando Gill.
Luna pudo haber aumentado en el arranque del complemento, pero tapó bien Gill. Ayude buscó mover con cambios a un equipo sin un rumbo visible sobre el campo. Sangre fresca con Ladstatter, calidad con Vietto. Pero no fue suficiente para reencontrarse con ese estilo vertical y comprometido que supo exhibir el año pasado.
Instituto le sacó todo el jugo posible a la permisividad del árbitro Andrés Merlos y sus jugadores anduvieron más por el suelo tratando de consumir los minutos que parados sobre el césped. El público explotó primero contra el juez y después con un canto contra Chiqui Tapia, el presidente de la AFA.
Cuando todo ya era desesperación, apareció Vietto para cabecear un centro de Ladstatter y definir tras el rebote de Manuel Roffo. Una recuperación de Alexis Cuello inició esa jugada del empate que alivió a todo el Ciclón. De todos modos, el fútbol quedó en el debe.