En una nueva audiencia del juicio por el crimen de Paulina Lebbos, el remisero Juan Pedro Cruzado volvió a sostener la misma versión que repite desde hace casi dos décadas, aunque su relato continúa rodeado de interrogantes sobre lo ocurrido en la madrugada del 26 de febrero de 2006.
El conductor declaró ante los jueces Luis Morales Lezica, Gustavo Romagnoli y Fabián Fradejas, quienes llevan adelante el proceso contra César Soto, acusado por el crimen de Paulina, y Sergio Kaleñuk, imputado por presunto encubrimiento.
Durante su testimonio, Cruzado reiteró que aquella madrugada trasladó a dos jóvenes desde la zona de El Abasto, en un recorrido que coincide con los últimos movimientos conocidos de la estudiante.
“Esa noche había conseguido un viaje de una pareja que me pidió que los llevara hasta avenida Alem y el pasaje que está entre Las Piedras y San Lorenzo”, recordó ante preguntas del fiscal Carlos Sale. Según su relato, al llegar a ese sector “había mucha gente en la calle porque estaban saliendo de los boliches de la zona”.
El remisero explicó que las dos jóvenes subieron al vehículo y se sentaron en el asiento trasero. De acuerdo con su declaración, una de ellas le pidió que la dejara en calle La Rioja al 400, lugar que coincide con el domicilio de Virginia Mercado, amiga que había acompañado a Paulina esa noche.
Cruzado indicó que la pasajera se bajó, ingresó a una vivienda y luego regresó al auto. “Se bajó en una casa y cuando volvió le entregó algo a su amiga”, afirmó. Este punto guarda similitudes con el testimonio de Mercado, quien declaró que descendió del vehículo para buscar las llaves de Paulina y luego se las devolvió dentro del remise.
El conductor relató que después continuó el viaje con la otra joven, quien le indicó dirigirse hacia una calle ubicada detrás del parque 9 de Julio. “Usted vaya que yo le indico”, recordó que le dijo la pasajera.
Según su declaración, al llegar a la avenida Coronel Suárez la mujer lo hizo ingresar por una calle transversal y a la cuadra siguiente descendió del vehículo. “Ya había amanecido y había luz natural”, agregó.
Tiempo después, cuando volvió a recorrer la zona, Cruzado estimó que el lugar donde dejó a la joven sería calle Cuba al 1000 aproximadamente, a unas cinco cuadras de calle Estados Unidos al 1200, donde residía César Soto, entonces pareja de Paulina.
El remisero también afirmó que días después, cuando la desaparición de la joven ya era pública, recordó el viaje y decidió presentarse ante la Policía. “Se lo conté a mi hermano y a un amigo, y me dijeron que fuera a declarar”, señaló.
Así fue como acudió al entonces Departamento de Inteligencia (D2), donde prestó declaración y le secuestraron su vehículo, un Fiat Duna bordó, similar al que había sido descripto por Mercado.
Con el paso de la investigación, Cruzado pasó de ser un testigo clave a convertirse en sospechoso. En su momento se evaluó la hipótesis de que hubiera intentado abusar de la joven y que, ante una resistencia, la hubiera asesinado. Sin embargo, nunca se encontraron pruebas que vincularan al remisero con el crimen.
Pese a ello, los jueces del segundo juicio por encubrimiento ordenaron que fuera investigado por presunto falso testimonio o encubrimiento, un proceso que más de seis años después aún permanece abierto.
Tras responder las preguntas del fiscal y de los defensores Roque Araujo y Patricio Char, Cruzado finalizó su declaración y se retiró de la sala, mientras las dudas sobre aquel último viaje de Paulina Lebbos siguen sin resolverse.