En la séptima audiencia del juicio por la muerte de Paulina Lebbos, los peritos que analizaron el cuerpo aportaron una conclusión firme: la joven fue asesinada por estrangulamiento. Sin embargo, a más de 20 años del crimen, persiste una incógnita clave en la causa: a quién pertenece el ADN hallado bajo una de sus uñas.
Las distintas hipótesis que circularon durante años quedaron descartadas. Paulina no murió por un golpe, ni por una sobredosis, ni fue atropellada. Los estudios y testimonios coincidieron en que alguien la tomó del cuello y la asfixió, dejando marcas visibles que se mantuvieron incluso semanas después del hecho.
Desde el 3 de marzo, César Soto, ex pareja de la víctima, es juzgado como presunto autor del homicidio ocurrido en la madrugada del 26 de febrero de 2006. También está imputado Sergio Kaleñuk, acusado de haber colaborado en el ocultamiento del cuerpo, hallado el 11 de marzo a la vera de la ruta 341, en Tapia. Es la primera vez que el Ministerio Público Fiscal sostiene una hipótesis centrada en el homicidio y no solo en el encubrimiento, por el cual ya hubo más de 10 condenados.
Durante la jornada declararon peritos clave. La bioquímica Lilia Moyano, quien intervino en el lugar del hallazgo, recordó: “había varios vehículos. No había mucho orden. Me informan donde estaba el cuerpo. Se notaba que le faltaba el cuero cabelludo. Me consultaron y dije que debía preservar el lugar e ir al otro día. Era necesario contar con buena luz, por lo que (el entonces fiscal del caso) el doctor (Alejandro) Noguera dio instrucciones para que se preserve la zona”.
“Al otro día -continuó- regreso. El lugar era sobre la ruta, en un matorral de árboles y plantas. Había una carpa en el lugar. El cuerpo estaba de costado, con los brazos hacia atrás, con las piernas extendidas. Estaba sobre la tierra. Tenía puesto una pollera, remera, cancan y sin calzado”.
A raíz del tiempo transcurrido y de la acción de animales, al cadáver le faltaban el cuero cabelludo, falanges de dedos y el pie izquierdo. “Busqué pelos, manchas y todo lo que fuera útil para la investigación. Se hicieron hisopados. Se encontró pelo en la mano derecha y en las prendas de vestir y también se levantaron muestras de larvas”, rememoró Moyano a preguntas del fiscal Carlos Sale.
Además recordó que en el dosaje se comprobó que tenía 1,56 de alcohol en sangre. “Pudo haber consumido alcohol en vida”, dijo, y además destacó que “había una huella de arrastre como de 50 centímetros, causada presumiblemente por animales”.
Luego dio un detalle sugestivo: “había fauna cadavérica y humedad, pero los dos primeros fiscales (Noguera y Carlos Albaca) no pidieron análisis de esas muestras” y remarcó que “los estudios genéticos debían hacerse en el momento y no esperar a que hubiera sospechosos. Pasaron siete años entre la sugerencia de enviar el material a un laboratorio y cuando finalmente se mandó”.
“Hubo información de dos muestras de pelos, pero no se mandaron”, dijo. Incluso, según Moyano, “la fauna cadavérica fue ofrecida para ser peritada, pero no fue utilizada”, y aseguró que el cuerpo de Paulina llevaba varios días en el lugar en el que lo encontraron.
Luego aseguró que el cuerpo tenía detalles que podían determinar el tipo de muerte por asfixia mecánica. “Por mi experiencia vi que había rastros de tres dedos en el cuello”.
Según ella, en las muestras había ADN de dos personas y un perfil detectado, pero esas muestras no pudieron ser finalmente peritadas: una se degradó, y la otra estaba contaminada.
En paralelo, se recordó que en 2019 fueron condenados ex funcionarios y jefes policiales por el encubrimiento del caso, y que posteriormente se ordenó investigar a otras personas por falso testimonio, entre ellas la propia Moyano, causa que fue archivada en 2024.
Luego fue el turno de Rita Luna Urrejola, médica perteneciente al Cuerpo Médico Forense y Morgue Judicial del Poder Judicial de Tucumán, quien practicó la primera autopsia. La especialista tampoco tuvo dudas: “encontramos huellas de presión en el cuello, que pueden haber sido de dedos, compatible con asfixia mecánica”.
Posteriormente declaró la bioquímica Cristina Daives, quien detalló los estudios realizados años después sobre cabellos y una uña de la víctima. Las muestras capilares no pudieron analizarse por su estado, pero en la uña se detectó ADN que fue comparado con 11 sospechosos —entre ellos Soto y Kaleñuk— sin obtener coincidencias.
Ese resultado dejó planteado el principal interrogante de la causa: no se determinó si el ADN corresponde a la propia víctima o a un tercero, ni si podría pertenecer al autor del crimen. Así, mientras se consolidan certezas sobre cómo murió Paulina Lebbos, la pregunta central sigue sin respuesta: quién la mató.