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Economía
03/04/2026 | Hace 4 horas

La canasta de servicios roza los $3 millones: duro golpe a la clase media

La canasta de servicios roza los $3 millones: duro golpe a la clase media
Un informe de la consultora Focus Market advierte que los gastos fijos de una familia tipo ya rozan los 3 millones de pesos mensuales. El alquiler, la salud privada y la educación explican el fuerte ahogo financiero.

La desaceleración de la inflación general no alcanza, por sí sola, para aliviar el bolsillo de la clase media. Mientras el índice de precios al consumidor pierde velocidad, el costo de los servicios sigue escalando sin freno y gana cada vez más peso dentro del presupuesto del hogar.

Ese es el principal diagnóstico de un reciente informe de la consultora Focus Market, elaborado por el economista Damián Di Pace, que pone la lupa sobre el duro impacto del sinceramiento de las tarifas públicas y privadas en la vida cotidiana.

De acuerdo con el relevamiento, la canasta de servicios básicos para una familia tipo (dos adultos con empleo y dos hijos en edad escolar) alcanzó en marzo de 2026 los $2.980.339 mensuales. El dato implica un fuerte aumento del 22,25% respecto de noviembre de 2025, y una suba del 57,5% frente a marzo del año pasado. Según detalla el estudio, esta dinámica de los gastos fijos supera ampliamente a la inflación general acumulada en el mismo período.

“Si evaluamos las transformaciones macro y su incidencia en la vida diaria, lo más notorio es que la inflación se encuentra estable, pero aún en un nivel elevado. En ese marco, las tarifas de los servicios siguen en proceso de corrección gradual”, señaló Di Pace al presentar el estudio. La lectura de la consultora es clara: la nominalidad más baja de la economía no implica una mejora homogénea del poder adquisitivo, porque los rubros clave continúan ajustándose muy por encima del promedio.

Vivienda, salud y educación: las anclas del presupuesto
El trabajo de Focus Market desglosa cuáles son los ítems ineludibles que más empujan el encarecimiento del costo de vida urbano:

Vivienda: sigue siendo el ancla más pesada. Un alquiler promedio de un departamento de tres ambientes en el Gran Buenos Aires pasó de $760.860 en noviembre a $827.599 en marzo (acumulando una suba cercana al 51% en 2025 por la escasez de oferta). A este desembolso hay que sumarle expensas y servicios públicos (luz, agua, gas e internet).
Salud privada: mantener la cobertura médica es cada vez más difícil. Una prepaga familiar básica ronda actualmente los $647.044 mensuales.
Educación: la cuota mensual de un colegio privado estándar para dos hijos se ubica en torno a los $605.794.

El problema de fondo es que la inmensa mayoría de estos gastos son inelásticos. A diferencia de otros consumos, el pago del alquiler, la luz, el colegio o la prepaga no pueden eliminarse fácilmente del presupuesto. Por eso, incluso en un escenario de inflación moderada, la percepción de asfixia financiera persiste en los hogares que no logran recomponer sus salarios al mismo ritmo.

Un cambio de hábitos obligado
Aun cuando el proceso desinflacionario avanza a nivel macro, los servicios regulados y privados siguen corrigiendo sus precios relativos, recuperando el terreno perdido luego de años de fuerte rezago tarifario.

La conclusión del informe resulta incómoda: una inflación que baja no necesariamente se siente como un alivio cuando los gastos fijos ineludibles suben por encima de la media. Este fenómeno se vuelve muchísimo más visible entre los hogares de clase media, un sector que suele quedar fuera de los subsidios estatales masivos, pero que tampoco cuenta con ingresos lo suficientemente holgados como para absorber estos aumentos sin costo.

En ese marco, se consolida un cambio silencioso pero profundo en la composición del gasto de los argentinos: los servicios desplazan fuertemente la capacidad de consumo. Para llegar a fin de mes, las familias deben resignar de forma obligada la compra de bienes, las salidas recreativas y, fundamentalmente, la capacidad de ahorro. La tensión en los hogares ya no pasa solo por el precio en la góndola del supermercado, sino por cuánto cuesta hoy sostener el estándar de vida básico de una familia urbana.

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