El fenómeno de El Niño se está desarrollando a un ritmo superior al previsto en el océano Pacífico, y los especialistas han advertido sobre la posibilidad de que se configure un evento históricamente fuerte en los próximos meses. La notificación fue difundida por el Centro de Predicción Climática de la NOAA, que elevó las probabilidades de un “Súper Niño” entre finales de 2026 y comienzos de 2027.
Qué significa un “Súper Niño”
El Niño es un fenómeno natural que se produce cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial tropical registran temperaturas superiores a los valores habituales, provocando alteraciones en la circulación atmosférica global. Ese desajuste puede repercutir sobre patrones de precipitación y temperatura, desencadenando sequías, lluvias intensas, olas de calor y variaciones en la actividad ciclónica en distintas regiones del planeta.
Los especialistas clasifican como “Súper Niño” a aquellos episodios en los que la anomalía de la temperatura superficial del mar supera los dos grados por encima del promedio histórico, un umbral que suele asociarse con impactos especialmente severos en diversos sistemas sociales y naturales.
Las probabilidades crecieron en pocas semanas
El informe reciente del Centro de Predicción Climática de la NOAA indica una probabilidad cercana al 66 % de que el fenómeno alcance una intensidad fuerte o muy fuerte. En cuestión de semanas, las chances de que se produzca un “Súper Niño” entre noviembre y enero aumentaron notablemente: pasaron de una posibilidad sobre cuatro a aproximadamente una sobre tres.
Los científicos atribuyen este incremento a la presencia de una masa considerable de agua cálida acumulada por debajo de la superficie del Pacífico central y oriental durante las últimas semanas, cuya emergencia a la superficie podría acelerar el calentamiento superficial.
Qué efectos podría provocar
Un evento intenso de El Niño tiende a producir efectos dispares según la región: puede generar sequías pronunciadas en ciertos sectores y lluvias extremas e inundaciones en otros. Además, influye sobre la temporada ciclónica del Atlántico —habitualmente reduciéndola—, incide sobre los monzones del sur de Asia y puede aumentar la probabilidad de incendios forestales y olas de calor en zonas vulnerables.
Los impactos reales dependerán de la magnitud final del fenómeno y de la evolución de las condiciones atmosféricas en los meses venideros, por lo que los especialistas subrayan la necesidad de seguimiento continuo y de medidas de preparación en áreas de riesgo.
Los antecedentes más fuertes
El antecedente reciente más notable fue el “Súper Niño” de 2015-2016, considerado uno de los más intensos desde el comienzo de los registros modernos. Otros episodios de gran magnitud ocurrieron en 1997-1998, 1982-1983 y 1972-1973. Algunos modelos climáticos sugieren que el fenómeno en desarrollo podría situarse entre los más fuertes registrados desde 1950, aunque esa proyección está sujeta a la evolución de las condiciones océano-atmosféricas.
En definitiva, la aceleración del desarrollo de El Niño obliga a una vigilancia estrecha de las variables oceánicas y atmosféricas y a la coordinación anticipada de políticas de mitigación y adaptación en las regiones potencialmente afectadas.