Con un mensaje de fuerte contenido social y político, monseñor Carlos Alberto Sánchez encabezó este miércoles el tradicional Tedeum por el 9 de Julio en la Iglesia Catedral, donde instó a construir una sociedad más justa, con mayor inclusión y compromiso con el bien común.
Ante las principales autoridades presentes en los actos por el 210° aniversario de la Declaración de la Independencia, el arzobispo vinculó el legado de los congresales de 1816 con los desafíos actuales del país y sostuvo que la verdadera independencia solo puede consolidarse cuando nadie queda excluido.
“Damos gracias a Dios por este acontecimiento y le suplicamos que nos dé su gracia para ser una Nación cuya identidad sea el compromiso por el bien común, amando a todos sin excluir a nadie y privilegiando a los pobres”, expresó durante su homilía.
Un llamado contra los privilegios y la exclusión
En uno de los pasajes más contundentes de su mensaje, Sánchez advirtió que “no hay plena democracia sin inclusión”, al tiempo que reclamó un mayor compromiso de quienes tienen mejores condiciones de vida con los sectores más vulnerables.
“Quien tiene los medios para vivir una vida digna, en lugar de preocuparse por sus privilegios, debe tratar de ayudar a los más pobres”, afirmó.
Asimismo, reivindicó el papel de las instituciones y sostuvo que el Estado tiene una responsabilidad irrenunciable en la construcción del bien común.
“La responsabilidad de edificar el bien común compete en primer lugar al Estado, porque es la razón de ser de la autoridad política”, remarcó.
En ese sentido, señaló que las autoridades deben armonizar con justicia los distintos intereses sociales para garantizar el acceso de toda la población a los bienes materiales, culturales y espirituales.
La “Cultura del Encuentro” como camino
Durante su reflexión, el arzobispo también hizo referencia a la reciente encíclica del papa León XIV, en la que se plantea la necesidad de proteger la dignidad humana frente al avance de la inteligencia artificial.
A partir de ese planteo, llamó a fortalecer una “Cultura del Encuentro”, basada en el diálogo y el respeto mutuo.
“Evitemos las palabras que humillan o enfrentan. Optemos por la claridad que ilumina y la franqueza que abre caminos”, exhortó.
Además, convocó a dirigentes políticos, empresarios, trabajadores y a toda la sociedad a transformar las tensiones en “energías creativas”, evitando que las diferencias profundicen la división.
La Casa Histórica, mucho más que un museo
En el tramo final de su homilía, Sánchez utilizó la Casa Histórica como una imagen de la Argentina que, a su entender, debe construirse entre todos.
“Que sea el lugar donde se respira amor fraterno y superamos todos los rencores y divisiones”, expresó al proponer que el histórico edificio represente una verdadera “Casa de familia”, donde cada argentino se sienta valorado y necesario.
Finalmente, el arzobispo invitó a “ensuciarse las manos” para construir una patria más fraterna y solidaria, y encomendó ese desafío a la protección de la Virgen de la Merced, dejando un mensaje centrado en la inclusión, el diálogo y la responsabilidad colectiva como pilares para fortalecer la democracia.