River necesitaba una noche así. Después de un comienzo de semestre complicado y sin triunfos, el Millonario se reencontró con su gente y consiguió un 2-0 ante Argentinos Juniors en un Monumental colmado por 85.018 hinchas. El resultado significó mucho más que tres puntos: fue un desahogo para un equipo que necesitaba recuperar confianza.
Desde el comienzo se respiró un clima diferente en Núñez. La gente acompañó, alentó y empujó al equipo durante los 90 minutos, esperando una respuesta después de varias semanas difíciles. Y esta vez los jugadores estuvieron a la altura: River mostró mayor intensidad, tuvo mejores conexiones y encontró la contundencia que le había faltado en los partidos anteriores.
Uno de los grandes responsables fue Ángel Correa. El delantero se movió con libertad detrás de Lucas Beltrán, encontró espacios entre líneas y se convirtió en el principal conductor ofensivo del equipo. Su calidad apareció en cada intervención y terminó de ganarse a la gente con una corrida que derivó en penal y que él mismo transformó en gol para sellar la victoria.
A su lado también brilló Thiago Almada. Con apenas una semana de entrenamientos, el mediocampista dejó muestras de su talento y se asoció especialmente bien con Ortega por el sector izquierdo. Su capacidad para ubicarse entre líneas y recibir con ventaja fue una de las mejores noticias para Chacho Coudet, que empieza a encontrar respuestas en sus nuevas figuras.
La victoria tuvo todavía más valor porque enfrente estaba un Argentinos Juniors que llegaba en gran momento, como uno de los protagonistas de la tabla anual y con 12 puntos sobre 12 posibles en el Clausura. River logró imponerse ante un rival exigente y, sobre todo, consiguió volver a creer en sí mismo.
Con los tres puntos, el Millonario escaló al 14° puesto de su zona y quedó 9° en la tabla anual, a seis unidades de la zona de repechaje para la Copa Libertadores 2027. El camino todavía es largo y el equipo deberá sostener este rendimiento, pero el triunfo aparece como un punto de partida después de un arranque preocupante.
También hubo señales positivas fuera de la cancha. El plantel se mostró unido y realizó una arenga grupal en el centro del campo antes y después del encuentro. Otamendi, uno de los referentes del equipo, encabezó esos momentos que reflejaron la necesidad de recuperar la confianza colectiva.
Ahora River deberá aprovechar este envión rápidamente. Este miércoles comenzará su serie de octavos de final de la Copa Sudamericana ante un rival colombiano en la altura de Bogotá. El desafío será mucho mayor, pero el Millonario llegará con algo que necesitaba recuperar: confianza, fútbol y la ilusión de su gente.