El proceso de desinflación que venía mostrando la economía argentina habría experimentado una pausa durante septiembre. Según los monitoreos de diversas consultoras privadas, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se habría ubicado por encima del 1,7% registrado en agosto, con estimaciones que oscilan en torno al 2%, impulsadas principalmente por el comportamiento del rubro alimenticio.
Comportamiento de los precios en las góndolas
La evolución de los precios de los alimentos fue el factor determinante. El relevamiento de la consultora LCG registró un incremento del 1,7% en los alimentos básicos sólo en la última semana de septiembre, acumulando una variación del 2,7% en cuatro semanas. Por su parte, Analytica informó que en la semana final los alimentos y bebidas avanzaron un 0,8%, dejando la oscilación mensual en 2,8%, y estimó que la inflación general del mes alcanzaría el 2%.
Una perspectiva similar fue la que presentó Eco Go, que con datos hasta la tercera semana detectó un aumento del 0,4% en los alimentos para consumo en el hogar, perfilando un salto mensual del 2,2% para ese sector. Desde la entidad anticiparon: “Con todas las categorías relevadas, la inflación general se proyecta en torno al 2%”.
En tanto, C&T Asesores, bajo la dirección de Camilo Tiscornia, proyectó un IPC del 1,9% para septiembre, lo que dejaría la medición interanual en un 33,3%. Los analistas de la firma atribuyeron buena parte de la presión alcista a factores estacionales y precisaron: “El componente núcleo del relevamiento arrojó un alza de 1,6%, bajando frente a los dos meses previos”.
La respuesta oficial frente a los precios
Este estancamiento en la reducción inflacionaria representa un desafío para la Casa Rosada, ya que la persistente presión sobre el costo de vida complica la recuperación del poder adquisitivo de los salarios. Aun así, el ministro de Economía, Luis Caputo, descartó modificaciones en la hoja de ruta oficial. Durante su participación en un foro económico, el titular del Palacio de Hacienda defendió la gestión y manifestó confianza en las políticas vigentes: “Pasamos de una inflación de 1,5% diaria a un guarismo más o menos igual, pero mensual. Para los índices internacionales todavía es una inflación alta, pero en todo proceso de estabilización la convergencia lleva su tiempo. Sin embargo, no tenemos la menor duda de que si seguimos con estas políticas, lo vamos a lograr”.
Estrategia de contención en los surtidores
Para atenuar el impacto inflacionario de septiembre, el Gobierno contó con la actuación de YPF. Mientras a mediados de la última semana otras petroleras aplicaron aumentos de entre el 2% y el 5% en los surtidores, la compañía de bandera estatal esperó tres días y realizó un ajuste menor, del 1%. No obstante, circulan especulaciones en el mercado sobre un posible escalonamiento de aumentos por parte de YPF con el cambio de mes.
Como medida complementaria para evitar agregar tensión a los precios generales, el Poder Ejecutivo decidió postergar la actualización del impuesto a los combustibles, cuya entrada en vigencia estaba prevista originalmente para octubre.
Perspectivas y desafíos
El freno en la senda de desinflación deja a los responsables de la política económica en una posición delicada: mantener el rumbo sin perder el anclaje de expectativas y, al mismo tiempo, buscar instrumentos que alivien la presión sobre los sectores más sensibles, como el alimenticio y los combustibles. En los próximos meses será clave observar si las medidas puntuales adoptadas —contribuciones de empresas estatales, aplazamientos impositivos y la continuidad de la política macroeconómica— alcanzan para retomar la trayectoria descendente de la inflación o si, por el contrario, habrá nuevos episodios de aceleración que obliguen a revisar la estrategia vigente.