La temporada astronómica de noviembre de 2025 se perfila como particularmente excitante para los observadores del cielo: no uno, ni dos, sino cuatro cometas se han vuelto accesibles al mismo tiempo, cada uno con características y dinámicas distintas.
Se trata de C/2025 A6 (Lemmon), C/2025 R2 (SWAN), el interestelar 3I/ATLAS, y C/2025 K1 (ATLAS). Gracias a los aportes de astrónomos profesionales y aficionados, junto con datos de misiones espaciales y observatorios terrestres, conocemos ahora novedades que agregan profundidad a esta ventana cósmica.
1-Cometa Lemmon (C/2025 A6): un visitante brillante y más activo de lo esperado
Descubierto por el Mount Lemmon Survey el 3 de enero de 2025, el cometa Lemmon pasó por el perihelio el 8 de noviembre de 2025, a unos 0,53 unidades astronómicas del Sol.
Aunque las predicciones iniciales eran cautelosas, múltiples observaciones recientes mostraron que el cometa evolucionó con rapidez. En su máximo, alcanzó una magnitud cercana a +4, según el análisis de Sky & Telescope. Eso lo convierte en un objetivo muy favorable para prismáticos y, bajo cielos oscuros, incluso en un posible objeto visible a simple vista.
Astrónomos también reportan una cola notable: imágenes procesadas muestran una estela trenzada, con nudos y condensaciones, visible especialmente en fotografías de larga exposición. La mejor ventana para observarlo fue justamente alrededor de su máxima aproximación a la Tierra, el 21 de octubre de 2025, cuando estaba a unos 0,60 AU de nosotros.
Para localizarlo, sitios como Star Walk recomiendan mirar cerca del horizonte suroeste en las horas posteriores al ocaso o antes del amanecer, dependiendo de la latitud. Sin embargo, después de su pico, ya comenzó a debilitarse. Su magnitud se ha desplazado hacia valores de +5 a +6 en noviembre, lo que vuelve más difícil su detección sin instrumento.
En suma, Lemmon representa un cometa clásico de largo período —su órbita sugiere un retorno cada ~1.350 años, según cálculos orbitales. Su brillo y estructura le han dado a astrónomos amateurs una oportunidad ideal para rastrear cambios morfológicos con el paso de las noches.
2-Cometa SWAN (C/2025 R2): ascenso rápido, posible declive y un brillo llamativo
Otro de los protagonistas del cielo nocturno es C/2025 R2 (SWAN), detectado por primera vez en imágenes del instrumento SWAN a bordo del observatorio solar SOHO. Fue descubierto por el aficionado Vladimir Bezugly el 11 de septiembre de 2025.
Según reportes de la NASA y otras fuentes especializadas, el cometa alcanzó su perihelio apenas un día después, el 12 de septiembre, cuando se encontraba muy cerca del Sol, lo que activó sus hielos internos y provocó una rápida sublimación. Esa activación generó una coma luminosa y una cola de gas claramente visible en algunos registros, con estimaciones de longitud de hasta 2 grados.
En su paso cercano a la Tierra, a fines de octubre, alcanzó una distancia de aproximadamente 0,27 AU y brilló en magnitud estimada entre +5,6 y +6, según predicciones de observatorios. Aunque no siempre visible a simple vista, es accesible con binoculares bajo cielos oscuros.
Sin embargo, su brillo ya está empezando a disminuir: En noviembre ronda magnitud ~8, lo que hace que sea más difícil de detectar sin telescopio. Además, algunas observaciones avanzan la sospecha de una posible fragmentación: el Observatorio Teide registró lo que podría ser el inicio de una división nuclear alrededor de mediados de octubre.
Así, SWAN se presenta como un cometa dinámico: su activación cerca del Sol fue intensa, su brillo notable, pero su futuro es incierto si su núcleo empieza a ceder.
3-3I/ATLAS: el cometa interestelar que regresa tras ocultarse tras el Sol
Quizás el más fascinante de los cuatro es 3I/ATLAS, un cometa de origen interestelar, lo que significa que no pertenece al Sistema Solar, sino que proviene de otra estrella.
Durante su perihelio en octubre de 2025, el cometa se alineó con el Sol desde nuestra perspectiva, lo que lo hizo invisible para los observadores terrestres. Ahora, tras salir de esa conjunción solar, ha reaparecido antes del amanecer, observable con telescopios. Su coma se ve como una mancha difusa de magnitud cercana a +10 con instrumentos modestos.
Las observaciones recientes aportan datos muy valiosos: estudios fotométricos con la red ATLAS indican que su coma cambió de color (más roja a más neutra) a medida que se acercaba al Sol, y su ritmo de producción de polvo también evolucionó.
Por otro lado, observaciones mediante polarimetría sugieren que su estructura es muy diferente a la de los cometas del Sistema Solar: presenta una “polarización negativa profunda y estrecha”, un rasgo poco común. Además, datos del telescopio espacial James Webb (JWST) revelaron que la coma está dominada por gas de dióxido de carbono (CO₂), con proporción CO₂ / H₂O muy elevada, lo que podría indicar que su núcleo es rico en hielos no típicos de cometas del Sistema Solar.
Estas características hacen de 3I/ATLAS un objeto esencial para la astrofísica moderna: es una “muestra” de otro sistema planetario, que nos da pistas sobre la formación de cometas en otras regiones de la galaxia. Además, su retorno tras la conjunción solar permite monitorear cómo su actividad cambia al alejarse del Sol nuevamente.
4-Cometa ATLAS K1 (C/2025 K1): fragmentación tras el perihelio
El cuarto cometa en esta exhibición cósmica es C/2025 K1 (ATLAS), un cometa del Sistema Solar que ha mostrado novedades dramáticas. Tras su paso cercano al Sol el 8 de octubre de 2025, comenzó a desestabilizarse y, según imágenes recogidas entre el 11 y 12 de noviembre, se fragmentó en al menos tres grandes pedazos, tal como incidaron reportes de astrónomos que utilizaron el telescopio Copérnico de 1,82 m en el Observatorio de Asiago, Italia.
En un análisis preliminar de las imágenes, la astrónoma Mazzotta Epifani señaló que hay dos pedazos bastante similares, cuyo brillo máximo está separado por unos 2000 km. Además, se sospecha un tercer fragmento más pequeño, más débil, ubicado a cierta distancia de los dos principales.
Estas observaciones son especialmente importantes para comprender cómo los cometas responden a una fuerte excitación térmica: las rocas heladas de su núcleo pueden volverse inestables, y un contacto muy cercano con el Sol (y el calentamiento asociado) puede provocar la ruptura del núcleo en fragmentos. En el caso del ATLAS K1, el roce solar parece haber sido determinante.
Antes de fragmentarse, este cometa ya había aumentado con fuerza su brillo tras su descubrimiento en mayo de 2025, debido a la sublimación de hielos que generó una coma muy reflejante y a la emisión de gas que, empujado por el viento solar, formó una cola característica. Luego de la fragmentación, cada nuevo trozo se convierte en un posible mini-cometa con su propia coma, y ofrece a los astrónomos la rara oportunidad de estudiar cómo evoluciona cada fragmento separadamente.
Aunque no se volvió tan brillante como para verse sin instrumentos, su ruptura ha generado un gran interés entre aficionados y profesionales, porque permite monitorear en tiempo real la desintegración de un cometa y la dispersión de su material.