Salud

El drama personal de descubrir el Alzheimer antes de tiempo

El drama personal de descubrir el Alzheimer antes de tiempo
A medida que la esperanza de vida ha ido aumentando con los avances en medicina y en prevención, muchos más de nosotros acabamos por enfrentarnos a enfermedades asociadas al envejecimiento.

Particularmente dolorosas resultan las mentales ligadas a la senilidad, a las que solemos llamar demencia, entre las que destaca el mal de Alzheimer.

Sabemos ciertamente que existe un componente genético. Aquellos que han tenido la desgracia de ver a sus mayores languidecer poco a poco mientras se sumergían en el mundo del olvido, saben (con temor) que tienen más probabilidades que otros de enfrentarse a la demencia, llegado el momento.

Aparte de eso, lo cierto es que a día de hoy sabemos muy poco, más bien nada, sobre cómo tratar a la enfermedad. Es cierto, gracias a la ciencia podemos explicar los efectos del Alzheimer, que implican la pérdida de la mielina (la sustancia que recubre a las neuronas y que permite la transmisión de impulsos nerviosos entre ellas). También hemos identificado a alguno de los posibles causantes (e incluso se han desarrollado fármacos candidatos prometedores), pero la dura realidad es que el Alzheimer sigue siendo un mal para el que no tenemos cura. Los científicos achacan los malos resultados cosechados por algunos de esos fármacos al momento en que se probaron. Demasiado tarde, cuando el mal ya estaba muy avanzado.

Y es que, al igual que sucede con el cáncer, la detección temprana del Alzheimer resulta la forma más efectiva de combatirlo. Por desgracia las pruebas que existen en la actualidad para diagnosticarlo no son sencillas de implementar de forma masiva, ni baratas. Los que consiguen averiguar con cierta antelación que su riesgo de padecer la enfermedad es más alto que el de la media, lo hacen combinando test genéticos, punciones lumbares, escáneres PET (tomografía de emisión de positrones que permiten detectar amiloides en el cerebro) y consultas al historial médico familiar.

Existe cierta esperanza de que en el futuro podamos contar con pruebas diagnósticas sencillas que se puedan adquirir en la farmacia sin receta. Se habla por ejemplo de un test que mida el nivel de la proteína tau en sangre (un biomarcador asociado al Alzheimer), pero como digo, hoy por hoy descubrir si uno tiene un riesgo mayor que otros es bastante complicado.

Compartir