Virginia Mercado afirmó que, durante la madrugada del 26 de febrero de 2006, la joven la dejó en su departamento de calle La Rioja al 400 y continuó viaje hacia la vivienda de su entonces pareja, César Soto, señalado como uno de los principales acusados en la causa.
Con esta declaración, Mercado descartó que, al menos según lo que ella sabía, la estudiante de Ciencias de la Comunicación haya tomado otro destino tras haber salido juntas de un boliche de la zona de El Abasto.
La declaración de la testigo generaba gran expectativa en el debate oral. Actualmente Mercado reside en Aguaray, provincia de Salta, y enfrenta además un proceso judicial paralelo por presunto encubrimiento. Hace menos de un mes, ante el juez Patricio Prado, reconoció haber participado en un encubrimiento vinculado al crimen. Lo hizo en el marco de un intento de acuerdo con la fiscalía que contemplaba una pena de tres años de prisión condicional si admitía el delito.
Sin embargo, durante esa audiencia no explicó a quién había protegido ni cuáles habían sido los motivos de su accionar. Ante esa falta de precisiones, el magistrado rechazó el convenio. Ahora otro juez deberá definir si se intenta un nuevo acuerdo abreviado o si Mercado afrontará un juicio oral, instancia en la que podría recibir una condena más severa.
En su testimonio de este lunes, no obstante, la mujer no incurrió en contradicciones y describió con seguridad cómo fueron las últimas horas que compartió con su amiga y el destino que tenía cuando se separaron.
Mercado relató que el sábado 25 de febrero de 2006 ambas habían rendido un examen y esa noche salieron a bailar junto a otras amigas. “Cuando salimos del boliche fuimos a la plazoleta de pasaje Gutiérrez y Alem. En ese momento quedamos las dos solas”, recordó durante su declaración, realizada a través de la plataforma Zoom.
Según contó, mientras estaban allí se detuvo un vehículo del que descendían algunos pasajeros. Paulina hizo señas y ambas subieron. “Le di mi dirección y me dejaron en mi casa. Cuando me bajé escuché que ella le indicaba al conductor que iba a calle Estados Unidos al 1.200, donde vivía Soto. Ella ya me había dicho que no se iba a quedar conmigo. Esa fue la última vez que la vi”, afirmó.
La testigo también aportó un dato que para la fiscalía, representada por Carlos Sale, resulta relevante para la investigación. Recordó que meses antes Paulina le había contado sobre episodios de violencia por parte de Soto.
“En abril de 2005 ella llegó a mi departamento y nos contó que Soto la había agarrado del cuello y que había logrado escapar. Decía que las discusiones eran por celos y que él la amenazaba, que si la veía en la calle la iba a matar”, declaró. Según Mercado, la joven le relató en varias oportunidades situaciones de control y celos por parte de su pareja, quien incluso la vigilaba a través del teléfono.
La mujer relató que, tras llegar a su vivienda aquella madrugada, se acostó a dormir. Recién alrededor de las 14 del día siguiente recibió un llamado de Rosa Lebbos, quien le preguntó si su hija estaba con ella.
“Le dije que estaba en la casa de Soto. Ahí me comentaron que él los había llamado preguntando por Paulina. Yo traté de comunicarme varias veces con su celular, pero nunca contestó”, recordó.
Desde ese momento no hubo más noticias de la joven hasta el 11 de marzo de 2006, cuando su cuerpo fue hallado al costado de la ruta 341, en la zona de Tapia. A casi dos décadas del hecho, el crimen continúa rodeado de interrogantes y aún no se ha determinado quién fue el responsable de su muerte.