La grieta entre Tinelli y Tapia que se profundizó.

La fallida maniobra de AFA quedó expuesta con el nuevo calendario que emitió la Liga Profesional para las instancias finales de su torneo y puso sobre la mesa el complejo mapa político que afrontarán en Viamonte durante los tiempos que se avecinan

Una chispa inesperada puede encender una llamarada incontrolable. Las postergación de la Copa de la Liga por nueve días en medio de la pandemia y la reprogramación de las fechas de las etapas finales fueron ese chispazo que friccionó el panorama del fútbol en el país. El escenario de incomodidad que vive la actual gestión de la AFA está planteado desde hace mucho tiempo con intervención de la Inspección General de Justicia (IGJ) incluida, pero los últimos dos hechos resonantes del deporte principal en el país no hicieron más que exponer que el fortín de la calle Viamonte cada día parece estar estar más vulnerable.

La Liga Profesional decidió trasladar en su totalidad las semifinales y la final a San Juan y definió que los duelos serán el lunes 31 de mayo y el viernes 4 de junio. Horas antes, la AFA había anunciado por un boletín que la final iba a ser el 2 de junio, en otro movimiento que generó el fastidio de los dirigentes de primera división que poco a poco comienza a abrirse para confesar por lo bajo su disgusto. El motivo encuadra en que les intentan diagramar la máxima división vía boletines cuando el Estatuto reformado para el nacimiento de la Liga Profesional de Fútbol el año pasado plantea que es la autoridad de ese nuevo organismo con sede en Puerto Madero.

La suspensión del fútbol también se cargó a la cuenta de la grieta. Marcelo Tinelli levantó el teléfono en nombre de la Liga Profesional y su puso a disposición directamente del presidente Alberto Fernández para cumplir los dictámenes de restricción que emitió el Gobierno, aunque al torneo apenas le faltaban tres partidos y desde Casa Rosada el propio Jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, había expresado públicamente su satisfacción por el cumplimiento de los protocolos. Desde la oficina presidencial de AFA también hubo un llamado en la misma sintonía, pero la línea directa fue a rangos gubernamentales más bajos y con algunas incertidumbres sobre seguir o parar.

La Liga decidió postergar inmediatamente, con la AFA finalmente también uniéndose a esa sintonía. Misma decisión en ambos lados, pero con una tonalidad absolutamente diferente. Si bien existió una coordinación con AFA como un guiño cómplice ante este contexto sanitario, en el corazón de la Primera División sintieron que Chiqui Tapia intentó atribuirse toda la toma de decisiones para gambetear la sombra de la soledad del poder que asoma con frialdad en el camino.

El propio Estatuto de la Casa Madre agrieta esos intentos de dirigir la Copa de la Liga con claridad desde su artículo 82: “La Liga Profesional de Fútbol Argentino tiene a su cargo la conducción del fútbol de Primera División masculino, lo cual abarca la organización exclusiva de sus competencias…”. Pero no sólo hablan los papeles, también lo sustentan algunos hechos recientes como el permiso para River de jugar en el River Camp mientras duraban las obras en el Estadio Monumental aunque desde la oficina principal de Viamonte esa no era la opción que más simpatía les generaba. Los ejemplos protocolares, por más mínimos que sean, suman para la acumulación: Liga Profesional organizó la reunión para anunciar las sedes de las finales antes del confinamiento estricto y Chiqui Tapia estuvo presente en el rol de invitado en el cónclave.

La caja negra de los pasillos del edificio principal de Viamonte otra vez cruje con fuerza. La foto de empatía entre Tinelli y Tapia que existió meses atrás, ahora parece una imagen en tono sepia, antigua y símbolo de una época pasada. En Puerto Madero se definen cronogramas, horarios y reglamentos entre los 26 integrantes de Primera División, aunque desde Viamonte muchas veces salen boletines intentando influir sobre las directivas. La disolución de la Superliga había sido un acuerdo que complacía a las dos partes: AFA volvía a tener en su Estatuto al fútbol de Primera, pero la Liga Profesional sostenía el poder de ordenar sus estructuras. Los movimientos recientes expusieron cómo la oficina presidencial de la Casa Madre buscó imponerse puertas afuera en un espacio donde no tiene el control y los hechos finalmente doblegaron esa voluntad. ¿Síntoma de la pérdida de poder gradual de la directiva de Tapia?

El punto determinante en esta bifurcación está cada vez más cerca. La inminente sentencia que entregará la IGJ terminará de cerrar el tablero. Si finalmente se da por ilegítima la reelección de Tapia para el período 2021-2025, habrá un nuevo llamado a elecciones en AFA y el nombre de Tinelli es uno de los que más adeptos gana tanto en Primera División como en las otras categorías del país –con el gesto complaciente desde la Casa Rosada incluido–, mientras otros cuadros políticos empiezan también su incipiente camino para una hipotética presidencia. Pero incluso si la IGJ valida esa votación, Chiqui deberá afrontar una nueva mesa política para la toma de decisiones que lo obligará a transformar un formato de conducción que en el presente está más asociado al personalismo que al acuerdo del diálogo con los clubes de mayor poder.

La mesa principal actualmente está sin un Vicepresidente 1° tras la salida de Daniel Angelici y con un Vice 2° como Hugo Moyano que a las rispideces familiares con Chiqui le sumó también la disconformidad por el arbitraje reciente en el clásico de Avellaneda que perjudicó a Independiente. Esa nueva botonera posible de las decisiones, para colmo, inclinaría la balanza en contra de Tapia, porque se sumarían vicepresidentes de Boca (Jorge Amor Ameal), San Lorenzo (Tinelli), River (Rodolfo D’Onofrio) y el ya mencionado rol de Independiente (Hugo Moyano). Es decir, las discusiones sobre los pormenores lo obligarían a concordar con directivos de jerarquía que no cuentan con la simpatía completa hacia la presidencia actual.

El silencioso ruido político en AFA es ensordecedor. Los detalles terminan siendo un factor clave para comprender lo que ocurre. La postergación del fútbol de Primera y su posterior reprogramación expusieron sobre la mesa los hechos. Los movimientos públicos quedaron, al fin y al cabo, desautorizados por los acuerdos de los clubes de primera para coordinar las fechas de la Copa de la Liga. La lectura de algunos directivos de peso es que estos detalles reflejan sobre la mesa cómo parece estar licuándose el poder actual o bien cómo se reacomodan las fichas a la espera de la decisión de la IGJ.

Un hecho es claro: el viejo formato que acompañó a Julio Humberto Grondona durante varios años con un comité compuesto por todos los presidentes de primera sentados en la mesa del presidente de la AFA ya no existe. La autoridad de la Liga Profesional está instalada en Puerto Madero y Viamonte ostenta el rol de fiscalizar que se cumpla lo dicho en el Estatuto. El cambio de fecha o la postergación se encuadran dentro de las potestades que el artículo 82 le otorga a la Liga. En las oficinas de Madero ostentan la certeza de saber que la vuelta bajo las esferas de la AFA hace un año no contemplaba el retorno a la configuración de distribución de poder del pasado. La palabra que más se repite en la espina dorsal de la Liga para explicar esta grieta es que decidieron “plantarse para evitar los embates de la conducción actual”.

El cuadro de situación se sigue de cerca desde la Casa Rosada como ocurrió en todas las gestiones de las últimas décadas. Si bien el Gobierno pretendía que el nuevo cuadro político quede definido antes de la Copa América, los pocos días que restan por delante para esa cita lo hacen un ideal cada vez más difícil de llevar a cabo y ahora la nueva fecha límite parece estar fijada después de las elecciones legislativas que se concretarán en noviembre. Para colmo, un llamado desde Avellaneda a Balcarce 50 dejó en claro que el último gran apoyo familiar que tenía Tapia ya no es tal y el vacío de poder podría profundizarse. En tal caso, la IGJ tendrá la última palabra sobre los comicios de AFA y el rumor reinante es que la carta clave podría estar en una posible introducción de la Justicia penal para investigar el manejo de algunos gastos en viajes y hoteles que no dejaron las cuentas tan claras como se pretendía.

Al unísono, Tinelli camina en silencio apostando a la gestión tanto futbolística como política mientras acumula elogios por la “calidez” dirigencial que reina en la Liga. Independientemente de su liderazgo en la Liga Profesional, su teléfono suena con apoyos desde el ascenso y con guiños cómplices de él hacia las provincias. El caso testigo es la decisión de mover la sede de la final de la Copa que iba a realizarse en Santiago del Estero ante la proximidad del partido por Eliminatorias Sudamericanas que se realizarán allí (3 de junio vs. Chile). La Liga dirimirá su título, finalmente, en San Juan y llevará a cabo en las tierras de Gerardo Zamora a cambio el título Trofeo de Campeones el 17 de diciembre que enfrentará al ganador de la Copa de la Liga con el triunfador del certamen que tendrá como disparo de largada en julio. Un engranaje de fichas salomónico que se carga sobre su espalda.

En la arena del poder, Tapia apela a las fotos públicas con diversas personalidades del ambiente futbolero apostando a dar una imagen de fortaleza aunque su habilidad política le permite saber que en sus oídos ya hay voces disonantes hasta de aquellos que forman parte de su fuero más íntimo en Viamonte y que ven a las nuevas opciones cada vez con mayor afinidad. Para colmo, el Tribunal de Disciplina ya le mostró su actuación independiente con el fallo en Banfield-Lanús como ejemplo. Chiqui transita este terreno rugoso con una claridad reglamentaria: sabe que el incumplimiento del bendito Artículo 82 del Estatuto de AFA podría cargarle también los agudos ojos de FIFA y Conmebol a su gestión.

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