Seguinos

11/01/2022

La increíble historia de los "platitos" de arroz con leche entre Rosas y Lucio V. Mansilla

La increíble historia de los “platitos” de arroz con leche entre Rosas y Lucio V. Mansilla

Una de las historias que más escuché en mi vida fueron los siete platos de arroz con leche que el exgobernador de Buenos Aires Juan Manuel de Rosas le “convidó” a su sobrino Lucio Victorio Mansilla, periodista, intelectual y exgobernador del Territorio Nacional del Gran Chaco. Esta tarde llegó a mis manos un libro donde éste último relata en qué contexto “probó” este postre a manos de su tío.

Mansilla se encontraba en Londres, Reino Unido, cuando Juan José Urquiza se “sublevó” al propio Rosas. “No pensé sino en volver a los patrios lares. De la política se me daba un ardite, no entendía jota de ella. Pero un instinto me decía que mi familia -esto era entonces todo para mí- corría peligro, y me vine sin permiso, cayendo aquí como una bomba en el paterno hogar” (Mansilla, 2001, p. 16).

El periodista fue crítico con lo sucedido con el exgobernador. “Se dejó derrocar por uno de sus tenientes, que le arrebató una gloria fácil, que él habría podido alcanzar constituyendo el país, sin el auxilio del extranjero, haciendo posible quizá que se olvidaran sus torpezas y la realización de la única idea trascendental que a mi juicio vagaba en su cabeza: reconstruir el virreinato, ensanchando los límites materiales de la República actual” (Mansilla, 2001, p. 19).

El exgobernador chaqueño visitó a “tatita” como lo denominaba en su estancia en Palermo. Juan Manuel de Rosas lo recibió “a las once de la noche”, luego de una larga espera en la casa. Según la descripción del propio Mansilla, el exgobernador “era un hombre alto, rubio, blanco, semipálido (…); de frente perpendicular, amplia (…), de cejas no muy guarnecidas, poco arqueadas, de movilidad difícil; de mirada fuerte (…), de nariz grande, afilada (…)” (Mansilla, 2001, p. 21).

En primer lugar, Rosas lo “felicitó” por no haber vuelto “agringado” de Europa. Sin embargo, Mansilla resaltó que su tío “estaba resentido”, porque éste se había ido al Viejo Continente “sin consultarlo”. El periodista recordó que buscó contarle que se iba del país por dos años, sin embargo, nunca fue recibido por Rosas en Palermo. Fue veinte días seguidos, destacó. “Hubiera venido veintiuno”, afirmó ante Agustina Ortíz de Rosas, madre de Mansilla.

Luego, el exgobernador bonaerense le compartió “su mensaje” a Lucio V. Mansilla. Mientras lo leía, le preguntó “si tenía hambre”. Como eran las doce de la noche, el periodista respondió “sí”. “Pues voy a hacer que te traigan un platito de arroz con leche”, replicó Rosas. “(Este) era famoso en Palermo y aunque no lo hubiera sido, mi apetito lo era”, continuó el ex mandamás chaqueño. “Un momento después, Manuelita (hija de Rosas) se presentó con un enorme plato sopero”, narró.

Acto seguido, “me sirvieron otro (…), y otro, y otro”, hasta que Lucio Mansilla puso un freno. “Me había hinchado”, justificó. Sin embargo, “no hubo más; siguieron los platos; yo comía maquinalmente, obedecía a una fuerza superior a mi voluntad” (Mansilla, 2001, p. 26). El joven volvió a su casa a las tres de la mañana. “Mi padre (luego de ver el ‘Mensaje’ de Rosas) se encaró con mi madre y prorrumpió con visible desesperación: No te digo que está loco, tu hermano” (Mansilla, 2001, p. 27)

A los días, se encontraron en Southampton, Gran Bretaña, donde hablaron de los “platitos”. “¿A que estaba pensando en aquellos platitos de arroz con leche que le hice comer en Palermo pocos días antes de que ‘el loco’ (el loco era Urquiza) llegara a Buenos Aires? (…) ¿A que cuando llegó a su casa, a deshoras, su padre (…) le dijo a Agustinita: “¿No te digo que tu hermano está loco?” (Mansilla, 2001, p. 29), indicó Rosas. “Es cierto”, respondió Mansilla. “Mi tío se echó a reír burlescamente”, cerró el periodista.

Por: Gonzalo Salvatierra

Compartir