“El segundo más poderoso del Gobierno de Alperovich era (Alberto) Kaleñuk. ¿Acaso Sergio Kaleñuk no es hijo del poder?”. Esto preguntó Alberto Lebbos en uno de los pasajes de la segunda parte de su declaración en el marco del juicio que se sigue contra César Soto y contra el mismo Kaleñuk por la muerte de su hija Paulina.
Lebbos había iniciado el lunes su relato y hoy se sometió al interrogatorio del fiscal Carlos Sale y de los defensores Roque Araujo y Patricio Char, de Soto y Kaleñuk respectivamente. Estos últimos dos letrados se abonaron específicamente a tratar de deslindar la responsabilidad de sus defendimos y a tratar de conocer si Lebbos sabía qué pruebas fehacientes había contra sus clientes en la causa. “En la casa de Soto se secuestró un pantalón con manchas parduzcas, con abrojos. Se decían que las manchas eran compatibles con sangre. También había una almohada con manchas y en la terraza se encontró una colcha. Nunca se peritaron esas pruebas”, recordó Lebbos. Y aseguró que “El doctor (Diego) López Ávila (uno de los fiscales) hizo una gran investigación. Investigó lo de la pista de la fiesta en la casa de Kaleñuk y no descubrió nada. Querían instalar que Paulina había estado bailando en una mesa y se rompió el cuello al caerse. Todas operaciones”.
“Kaleñuk tenía relaciones íntimamente ligadas al poder lo que permitió que se arme esta estructura para encubrir. Hay mucha gente que aún no pagó sus culpas”, remarcó el padre de Paulina. “Estas dos personas han permitido que pasen todas estas maniobras. Truncaron los sueños de una chica buena que no tenía maldad. Ella se levantaba pensando cómo ayudar y sobre todo a este hombre (por Soto)”, agregó. Y advirtió: “Paulinita estaba desesperada por ayudarlo. Era el padre de su hija. ¿Y qué hizo este hombre? Este tipo vivía de ella. Este tipo no es ningún perejil. Ellos creyeron que no iba a haber reacción. No sabían que se iban a encontrar con nuestra familia”.
A pesar de todo esto, Char destacó que tanto López Ávila como Sale habían sobreseído a Kaleñuk antes de volver a imputarlo y llevarlo a juicio por el encubrimiento del crimen.
Al finalizar su testimonio, visiblemente emocionado, Lebbos pidió justicia por su hija y por todas las víctimas de delitos impunes. “Este sufrimiento se tiene que acabar en algún momento. Ojalá que se sepa la verdad”, pidió.
Ahora será el turno de sus hijas, quienes también relatarán lo que se sabe de un crimen que lleva 20 años impune.