El consumo en Argentina atraviesa una etapa de reacomodamiento que combina señales todavía moderadas de recuperación con cambios estructurales en los hábitos de compra. Los hogares reducen las operaciones grandes en supermercados, destinan una mayor porción del ingreso a gastos fijos y migran hacia comercios de cercanía para administrar con más precisión presupuestos cada vez más ajustados.
Un repunte incipiente pero heterogéneo
En declaraciones radiales, el director comercial de Nielsen para Argentina, Uruguay, Bolivia y Paraguay, Damián Graziano, sostuvo que el consumo masivo comienza a mostrar un “leve brote verde”, aunque todavía lejos de una recuperación consolidada. El repunte reciente es traccionado principalmente por bebidas y alimentos, con una canasta ligeramente más firme que en meses previos. No obstante, la mejora interanual ronda apenas el 1% y debe leerse con cautela, puesto que las comparaciones se realizan contra bases más exigentes del año anterior.
La billetera se reorganiza: menos supermercado y más gasto fijo
El cambio más visible es la modificación en la forma de compra. Según el análisis del sector, los consumidores se alejan de la gran compra mensual en cadenas y se vuelcan a operaciones más chicas, frecuentes y controladas en almacenes, autoservicios y comercios barriales. Esta dinámica responde a la pérdida de ingreso disponible, la necesidad de dosificar el gasto y una búsqueda más intensa de precios.
“El consumidor se está yendo de la gran cadena, de la compra grande. Hoy el bolsillo está muy apretado y busca controlar el gasto”, señaló Damián Graziano. Además, los autoservicios presentan variaciones de precios algo menores que otros canales, lo que favorece el desplazamiento hacia compras de cercanía.
Paralelamente, los hogares destinan una porción creciente de sus ingresos a transporte, luz, gas y otros servicios. Para Graziano, existe una correlación directa entre el aumento de tarifas y la retracción del consumo masivo: lo que antes se orientaba a productos de góndola ahora se reasigna a gastos fijos.
En la práctica, esta reorganización implica una transición de un consumo más aspiracional a uno más funcional: resignación de marcas premium, reducción de tickets, cambio de canal y priorización de lo indispensable.
Los datos muestran una recuperación fragmentada
Las mediciones privadas matizan la noción de una recuperación generalizada. Según la Universidad de Palermo, el consumo total privado avanzó 0,7% mensual en marzo, pero cayó 2,6% interanual y acumuló una baja de 2,2% en el primer trimestre frente a igual período de 2025. En paralelo, el índice de consumo de la Cámara Argentina de Comercio retrocedió 0,5% mensual y 1,3% interanual.
La composición de esos datos evidencia una economía de consumo partida. Mientras rubros ligados a bienes durables como autos, motos, turismo o inmuebles mostraron mejores registros, el consumo cotidiano se mantiene débil. En supermercados, las ventas tuvieron un leve avance mensual en febrero pero acumularon una caída en el primer bimestre; otros rubros sensibles al bolsillo también exhibieron retrocesos.
Dentro del consumo masivo se registraron bajas en alimentos clave: el consumo de carne vacuna cayó 9,8% interanual en febrero y el de carne aviar se ubicó 4,6% por debajo del nivel del año anterior. La venta de combustibles al público se mantuvo prácticamente sin cambios frente a 2025, pese al fuerte impacto de los precios.
Salarios, crédito y mora: los límites de la recomposición
El ingreso disponible sigue siendo uno de los principales condicionantes. Los salarios registrados acumularon una caída real de 4,33% entre septiembre y febrero, según cálculos en base a datos oficiales. Desde la asunción de Javier Milei, la pérdida fue de 8,87%, con mayor impacto sobre los trabajadores del sector público.
Por el lado del crédito, después de casi dos años de crecimiento real comenzó a perder impulso hacia fines de 2025. Las tarjetas de crédito y los préstamos personales moderaron su avance, lo que limita la capacidad de sostener consumo de bienes durables. Además, la mora de las familias aumentó por decimosexto mes consecutivo y en febrero alcanzó el 11,2%, un nivel no visto desde comienzos del milenio. Ese deterioro reduce el margen de los hogares para financiar gasto y vuelve más cauteloso al sistema financiero.
Implicancias y escenario prospectivo
El cuadro que emerge es el de una recuperación fragmentada y frágil, sujeta a la evolución de los salarios reales, la dinámica del crédito, la trayectoria de las tarifas y la confianza de los consumidores. Si bien hay sectores que muestran señales de mejora, la demanda cotidiana permanece condicionada por la necesidad de priorizar gastos y por la creciente presión de los servicios sobre el presupuesto familiar.
En el corto plazo, la consolidación de una recuperación más amplia exigiría una combinación de recomposición del ingreso real, expectativas más estables y condiciones para que el crédito vuelva a operar como estímulo sin elevar el riesgo de mora. Mientras tanto, la conducta de compra continuará adaptándose a una lógica más controlada y de proximidad, con impacto en la configuración de canales y mix de productos.