Seguinos

Economía
20/03/2026 | Hace 2 horas

Tres plantas frigoríficas dejaron de operar en los últimos meses

Tres plantas frigoríficas dejaron de operar en los últimos meses
La industria cárnica enfrenta un escenario complejo, marcado por altos costos, problemas financieros y un menor ritmo de faena.

La industria frigorífica argentina atraviesa un momento delicado. Con caída en la actividad, aumento de costos y crecientes dificultades financieras, el sector comienza a mostrar señales concretas de crisis, entre ellas el cierre de plantas y la reprogramación de la producción.

Caída de la faena y cierre de plantas
En febrero, la faena vacuna volvió a retroceder, aunque con menor intensidad que en enero. A pesar de contar con apenas 18 días hábiles por los feriados de Carnaval y los efectos indirectos del paro general, la actividad no logró recuperar dinamismo, confirmando un escenario que ya se anticipaba complejo para 2026.

“Se avecina un año especialmente difícil para la industria cárnica”, advierten desde el sector. La frase encuentra respaldo en datos concretos: tres frigoríficos con habilitación para exportar —ubicados en Bahía Blanca, Bernasconi y General Pico— dejaron de operar entre fines del año pasado y los primeros meses de este año. En conjunto, esas plantas habían faenado más de 172.000 cabezas en 2025.

Ajustes operativos y reducción de capacidad
Pero los cierres son apenas la punta del iceberg. Otras empresas del sector comenzaron a ajustar su funcionamiento para reducir costos, lo que se traduce en menos turnos de trabajo y menor utilización de la capacidad instalada.

Según explicó Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra), la problemática es estructural y abarca toda la cadena. “Este será un año para revisar y estar atentos a todos los costos; las empresas deberán ser muy precavidas en la toma de cada decisión”, sostuvo.

Financiamiento insuficiente y descalces financieros
Uno de los principales factores de tensión es la falta de financiamiento. El esquema habitual del negocio —basado en crédito comercial dentro de la propia cadena— comienza a mostrar signos de agotamiento. “El crédito característico del sector es soportado por la cadena, porque casi no hay financiamiento bancario o externo para la compra de hacienda”, advirtió Urcía.

A esto se suma el alargamiento de los plazos de pago en el eslabón comercial, lo que genera descalces financieros y, en algunos casos, pérdida de capital de trabajo.

Otro elemento que agrava la situación es el retraso en la devolución de reintegros de IVA. “El atraso en esos pagos pasa a ser absolutamente relevante en virtud de la revaluación de la hacienda y constituye un daño financiero adicional”, señaló el titular de Fifra.

Competencia informal y presión sobre empleo
En paralelo, la industria formal enfrenta una creciente competencia desleal. El aumento de la faena marginal —tanto bovina como porcina—, tolerada en muchos casos por la falta de controles, pone en riesgo la actividad registrada y el empleo.

Precios y consumo: límites y desplazamientos
En el plano de los precios, el sector también enfrenta límites. Tanto la hacienda como la carne registraron subas cercanas al 70%, muy por encima de la inflación. Sin embargo, esa dinámica comienza a encontrar un techo.

“Estos niveles no se pueden sostener mucho tiempo porque las empresas se quedan sin capital de trabajo”, advierten desde la industria.

El impacto ya se percibe en el consumo. La carne vacuna pierde terreno frente a otras proteínas más económicas: hoy, con un kilo de asado se pueden comprar casi cuatro kilos de pollo, una relación cercana a los máximos históricos. Con el cerdo, la brecha también se amplió a dos a uno, precisa Urcía.

Compartir